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«EN LA CALLE ESTACIONADA FRENTE AL MAR 
POR DONDE CRUZABA LA VIDA»
      
   
¨Arreciados por el Éxodo¨ (Imagine Cloud Editions, I C E, Florida, Estados Unidos, 2013) nuevo poemario de María Eugenia Caseiro. «fluye en alegorías que demuestran lo mucho que puede decirse con una economía de palabras». Y estas palabras de Luis Mario, son silogismo que nos introduce en este poemario. 
      
      Hubo un tiempo en que pensar se hizo difícil, 
      era mejor morir en blanco. (…)
      
Hubo un tiempo en que darlo todo a nada parecía el lei motif de los que se lanzaban al agua. Hubo un tiempo en que el solo hecho de pensar quemaba y había que escapar de sus brasas. ¿Cuántos lo hicieron? La poesía recoge de igual manera estadísticas inimaginables bajo este cielo al que a veces nos damos a contemplar. Estadísticas; naufragios y náufragos; realidades y vidas zozobrando no solo en el mar sino también muy cerca suyo.
      
¿Acaso María Eugenia Caseiro pone su mirada en estas vidas, en un antes y un después de tantos naufragios? Vale la pena indagar por medio de ese recorrido poético lo que propone la autora. Y se hicieron a la mar con sus disfraces / prendidos al envés de la baraja (…)
      
Existe un hilo conductor en este libro, una guía que nos lleva hasta el fin, robustecido por esa “economía de palabras”, palabras que asumen tal brevedad con una carga que nos abre el camino al pensamiento, a la intención de la poeta.  La muerte, y (acaso también) el amor se unifican en poemas como “Promesa”: Te buscaré en las vértebras / del hombre del retrato / por la espiral del tiempo/ blanco hueso sin límite ni juicio/ hasta el dintel de la muerte / con la última mirada de tu espejo. (…)
      
Esta es la voz de una Caseiro que se hace sentir sin medias tintas. Su estilo no se limita al lirismo, la belleza o la concentración de simbolismos, sino que además se viste de brío y en versos tan sugerentes como los que siguen, habla desde lo prehistórico: Yo podé su cicatriz, / crecí en el subterráneo / en que acontece su latido. (…)  Sin embargo, es la muerte, reitero, el hilo conductor  que se nos revela desde su “P R E L U D I O”: Las voces atrapadas en el viento / no escaparon de las horas sin éxito. Y ya nos lo avisa, nos lo deja saber desde antes, cuando evoca la muerte desde las palabras de Eliseo Diego: “…en una danza destinada a convocar al ausente, / que sólo hace corpóreo su vacío.” 
      
Caseiro recrea su propia danza (destinada a convocar lo ausente), y viene a ocupar un vacío con su voz, a llenar ese espacio que algunos pudieran desconocer o no haber oído mencionar nunca, nuevas generaciones de espaldas a su pasado. Basta contemplar la imagen de cubierta de este libro: Cesta de regalos, de la propia María Eugenia Caseiro, un dibujo con el que enmarca toda la intención de su poesía. 
      
La muerte, la vida y el presente se alistan en versos tan  sugestivos que, una y otra vez nos damos a su lectura, como los de su poema “Éxodo” cuyo verso inicial da título a este poemario:   Como cobos arreciados por el éxodo / no hubo sacapuntas escarmentador / ni bigornias vigías / ni las propias tijeras extenuadas / de cortar en tiras cada noche/ que no se enrolara en nuestra arca. (…)
      
La autora de “Nueve cuentos para recrear el café”, entre otros títulos, se nos acerca con su propia voz, esa voz ya reconocible, y nos cuenta lo que ha visto, lo que ha oído, lo que emana de la experiencia, y con ello nos devuelve a una incertidumbre que finalmente alcanza valor en “Profecía” y mueve a la esperanza:   Y alguna vez vendrán a remontarme / lavados con el brillo de sus pies / aquellos hijos de estos pies enormes / colgados al sillón que mecerá sus casas.
      
Parte de nuestras vidas, parte de nuestra historia (cubana), de aquellos que desde la década del sesenta hasta nuestros días se aferran a un objetivo y buscan cualquier medio, precario o no, para salir a flote (siempre enfrentando el agua desde cualquier punto de nuestro pequeño mapa) dispuestos a todo o nada, ante la presencia del mar, prestos a ser botín de sus aguas, parte de su sal…, vidas humanas perdidas y que su poética logra evocar. Era una señal la puerta abierta/ en la calle estacionada frente al mar/ por donde cruzaba la vida, / cada sol, cada pedazo de nosotros, / sin detenerse / a escuchar el silencio de las casas. (…)
      
Pero hay también cierta esperanza dentro de sus postulados. Y me hago partícipe de esta intención, de esta manera de planteárnosla: “Cuando el dedo exhausto de indicar, / alcanza apenas a rozar el anca de la suerte”. La suerte que uno busca y puede que nunca halle, pero están aquí las palabras de una poeta que debe ser escuchada por aquellos que puedan comprender lo que el término Exilio significa. Valga su poema para acercarnos a él:   Ni siquiera la puerta / verde como el aguacate, / en que un ojo secular / asediaba el estirón, / el choque inclemente, / la sospecha, / nos extendió los brazos / ni cedió un ápice la aldaba / desnuda para no empeñar /el grito del gozne que nos repatriase.
      
He aquí una mujer mirando hacia nuestro propio pasado, pasado devenido en presente, y la faena de decir  a través de su lírica lo que su conciencia impone, escribir, hacer poesía desde ese mismo exilo que conoce en carne propia, y que tanto acerca a quiénes lo sienten: “Esa paz que nos hizo jóvenes ayer / y está tan sola sin nosotros”. 




Ihosvany Hernández 

      
Enero 2014.